lunes, 7 de agosto de 2017

Easy come, easy go.

Me impresiona lo difícil que me es recordar algunos detalles que en algún instante consideré muy importantes, sin embargo hoy son sólo partes de un recuerdo leve en el pasado. Así fue con aquel beso que significaba la eternidad en mis manos, un susurro imperceptible de emoción y duda, jugueteos constantes con los pensamientos que terminaron en lo que recuerdo haber descrito como "el más interesante de los bailes"... pero hoy es solo un recuerdo frágil que se doblega ante mi imaginación. ¿Cuánto frío hacía? ¿Cuán incómodos eran los asientos? ¿Cuánto olor a pizza había cerca? ¿Era de verdad tan oscuro como creía? Detalles que no permanecieron tan arraigados en mi mente como alguna vez lo creí.
A pesar de todo, aún recuerdo como si hubiera sido recién, el roce palpitante de sus labios contra los míos sin llegar a concretar nada en absoluto, recuerdo con claridad el calor en mi espalda, no he podido borrar sus manos en mi cuello, ni el aroma a menta de aquel día de verano en el colegio.
Supongo que lo que me acompañará siempre no es el beso mágico del que siempre escribo, sino lo que lo rodeaba, las cosas que hacían espectacular ese instante.
Podemos decir que los volví eternos, esos recuerdos quedarán por siempre grabados en mis sentidos, porque al cerrar los ojos es fácil volver a leer esas sensaciones. Eso me mantiene creando nuevos sueños, en donde se mezcla la fantasía con la realidad, permitiéndome crear nuevas experiencias sensoriales, reviviendo los detalles que hacen de todo, un instante perfecto.