Recién hoy descubrí que te amo, por tantas razones que antes no había tomado en cuenta y solo asumí que era algo normal en el comportamiento de alguien tan bueno como tú.
Descubrí que te amo, por las miles de sonrisas que me has dado, luego de días cansados y trabajos agotadores. Esas sonrisas gastadas que a todos repites no son las mismas que tú boca dibuja cuando me ven a mí; una sonrisa cautelosa que se desliza tras un par de pensamientos calculados con mucha precisión.
Descubrí que te amo, por los abrazos que me has dado. Abrazos cálidos tras una tarde de confusión o de angustia. Esos abrazos juguetones que aparecieron en un atardecer lejos del mundo. Abrazos de más de tres segundos que desconfiguran mi pensamiento y me transforman en persona que siente. Tantos abrazos de despedida y de intentar retenerte a mi lado; un par de esos abrazos eran desesperados por la incertidumbre del siguiente encuentro que, en ocasiones desastrosas, nunca llegaron.
Descubrí que te amo, tras miles de corazones rojos, morados, rosados y azules que las pantallas nos permiten apreciar. Un simple “hola” acompañado de un corazón fueron suficientes para hacerme sonreír de inmediato. Un “buenas noches” acompañado de un corazón me hizo soñar con las estrellas.
Pero descubrí que amar no siempre necesita ser recíproco para que podamos crear una buena historia de amor, al menos en nuestra imaginación. Descubrí que los susurros tienen a decir más cosas que los gritos, y que las miradas dicen lo que nuestra boca tiende a callar.
Descubrí que te amo, pero eso no es limitante, tuve que transformar todo lo que creía saber para empezar a realmente saber; porque en resumidas cuentas, te amo, pero no como tu esperas.
Amo lo que creo que sé de ti, amo la idea de estar contigo y la idea que formó en mi mente de lo que seríamos juntos.
Pero ambos sabemos que eso no es suficiente, no podemos ser uno si cuando estamos juntos seguimos pensando en el uno que nos falta y que no somos nosotros.
Te deseo lo mejor, porque te amo.
viernes, 12 de octubre de 2018
domingo, 26 de noviembre de 2017
Otra vez soñé de ti
Otra vez soñé de ti, y en un instante estuve ahí, entre ustedes dos, ella quería ir a la piscina y tu querías ver una película. Debo ser sincera, la verdad es que yo quería estar con ella, pero tenía unas ganas enormes de relajarme en mi habitación. Así que me fui contigo, no con mi hermana. Subimos el espacioso ascensor hasta el piso 2 y caminamos con lentitud a la habitación, después de todo era la segunda habitación a la derecha.
Pedimos papas fritas a la habitación y prendimos el televisor con las películas ya pensadas. Recuerdo haber apagado la mitad de las luces mientras terminabas de poner la película. "¿En inglés?" me preguntaste, y tu sonrisa nerviosa delataba tu inseguridad y te dije que mejor en español. Nos sentamos en el enorme sofá rojo de la sala de estar y nos pusimos cómodos, tu en tu esquina y yo en la mía.
Pero la tarde no tardó en ponerse fría y partiste a buscar mantas para abrigarnos, pero sólo había una y me la diste. Estabas muerto de frío, pero eres más caballero de lo que piensas, y solo me cubriste a mi. Pasaron los minutos como si fuéramos eternos, y bajaba la temperatura cada vez más. Me acerqué un poco a ti para abrigarte con la mantita y dudaste, pero finalmente decidiste acurrucarte en el abrigo. Solamente fuimos tu y yo lado a lado, cubiertos por el mismo abrigo. Llegó un momento en el que pasaste tu brazo por detrás de mi nuca, y fue el cielo para mí. No tardé en acomodarme en tu hombro, como si fuéramos cómplices del mismo delito. Sonreí y todo cobró un significado diferente. No estábamos prestando tanta atención a la película como al principio, pero sabíamos exactamente cuán lejos estábamos del otro; no porque la distancia nos separara, sino porque había un tercer individuo que no habíamos tomado en cuenta hasta ese punto.
Otra vez soñé de ti, de cómo tus manos acariciaban mi espalda, buscando heridas que sanar. Estuviste ahí conmigo sin tener deseos que eso se terminara. Bajamos al Hall principal para hacer nuestras tareas de la universidad, tu con tus códigos y yo con mis letras. No podíamos dejar de mirarnos a través del salón. Nos habíamos parado lejos el uno del otro para no tentarnos a lo prohibido, pero yo era más débil, y me acerqué para tomar un descanso de las responsabilidades. Y te acaricié, cerraste tus ojos para disfrutar el cariño y suspiraste hondo, tomando energías para el resto del día. Me estaba alejando, pero ya no pudiste aguantar la presión y te doblegaste ante lo obvio. Tomaste mi mano y me pediste que me quedara, pero no que me quedara en ese lugar ni en ese momento, que me quedara contigo por el resto de tu existencia, que me quedara en tu corazón, tal como tú te habías instalado en el mío. Me arrodillé a tu lado y suspiré que sí, pero si queríamos permanecer el uno en el otro, había que hacerlo bien.
Y en ese preciso instante ella apareció, mi hermana. Te levantaste a recibirla y te abrazó fuertemente. No había que ser un genio para darse cuenta que tu corazón le pertenece a alguien más, y tampoco hay que mirar mucho para darse cuenta que ese alguien más no eres precisamente tú. Así ella notó algo extraño y decidió alejarse de nosotros, y tu fuiste tras de ella para arreglar las cosas. Te besó y tu le respondiste pero con lágrimas corriendo en tus mejillas. Ella abrió sus ojos y sintió tu dolor cuando decidió liberarte. "Vete, siempre lo supe" sentenció, y tu pecho se redujo en alivio. Volteaste a mirarme y sonreíste y mi pecho se alegró, mi corazón se ensanchaba mientras mi temperatura corporal se enloquecía, a lo lejos escuché un ladrido ensordecedor de mi perra, y abrí nuevamente los ojos para darme cuenta que todo ese tiempo había permanecido en mi cama, y que sin quererlo, otra vez soñé de ti.
Pedimos papas fritas a la habitación y prendimos el televisor con las películas ya pensadas. Recuerdo haber apagado la mitad de las luces mientras terminabas de poner la película. "¿En inglés?" me preguntaste, y tu sonrisa nerviosa delataba tu inseguridad y te dije que mejor en español. Nos sentamos en el enorme sofá rojo de la sala de estar y nos pusimos cómodos, tu en tu esquina y yo en la mía.
Pero la tarde no tardó en ponerse fría y partiste a buscar mantas para abrigarnos, pero sólo había una y me la diste. Estabas muerto de frío, pero eres más caballero de lo que piensas, y solo me cubriste a mi. Pasaron los minutos como si fuéramos eternos, y bajaba la temperatura cada vez más. Me acerqué un poco a ti para abrigarte con la mantita y dudaste, pero finalmente decidiste acurrucarte en el abrigo. Solamente fuimos tu y yo lado a lado, cubiertos por el mismo abrigo. Llegó un momento en el que pasaste tu brazo por detrás de mi nuca, y fue el cielo para mí. No tardé en acomodarme en tu hombro, como si fuéramos cómplices del mismo delito. Sonreí y todo cobró un significado diferente. No estábamos prestando tanta atención a la película como al principio, pero sabíamos exactamente cuán lejos estábamos del otro; no porque la distancia nos separara, sino porque había un tercer individuo que no habíamos tomado en cuenta hasta ese punto.
Otra vez soñé de ti, de cómo tus manos acariciaban mi espalda, buscando heridas que sanar. Estuviste ahí conmigo sin tener deseos que eso se terminara. Bajamos al Hall principal para hacer nuestras tareas de la universidad, tu con tus códigos y yo con mis letras. No podíamos dejar de mirarnos a través del salón. Nos habíamos parado lejos el uno del otro para no tentarnos a lo prohibido, pero yo era más débil, y me acerqué para tomar un descanso de las responsabilidades. Y te acaricié, cerraste tus ojos para disfrutar el cariño y suspiraste hondo, tomando energías para el resto del día. Me estaba alejando, pero ya no pudiste aguantar la presión y te doblegaste ante lo obvio. Tomaste mi mano y me pediste que me quedara, pero no que me quedara en ese lugar ni en ese momento, que me quedara contigo por el resto de tu existencia, que me quedara en tu corazón, tal como tú te habías instalado en el mío. Me arrodillé a tu lado y suspiré que sí, pero si queríamos permanecer el uno en el otro, había que hacerlo bien.
Y en ese preciso instante ella apareció, mi hermana. Te levantaste a recibirla y te abrazó fuertemente. No había que ser un genio para darse cuenta que tu corazón le pertenece a alguien más, y tampoco hay que mirar mucho para darse cuenta que ese alguien más no eres precisamente tú. Así ella notó algo extraño y decidió alejarse de nosotros, y tu fuiste tras de ella para arreglar las cosas. Te besó y tu le respondiste pero con lágrimas corriendo en tus mejillas. Ella abrió sus ojos y sintió tu dolor cuando decidió liberarte. "Vete, siempre lo supe" sentenció, y tu pecho se redujo en alivio. Volteaste a mirarme y sonreíste y mi pecho se alegró, mi corazón se ensanchaba mientras mi temperatura corporal se enloquecía, a lo lejos escuché un ladrido ensordecedor de mi perra, y abrí nuevamente los ojos para darme cuenta que todo ese tiempo había permanecido en mi cama, y que sin quererlo, otra vez soñé de ti.
Me atacaron los recuerdos.
Hoy al fin nos subimos al auto nuevo, espectacular. Más potencia, más rapidez y mucho, mucho más cómodo. Pero en el instante que me subí en el asiento del copiloto me atacaron los recuerdos, las miradas cómplices y las bromas sin sabor.
Y descubrí ahí que te quería más que antes, con un cariño diferente al de esa vez que me fuiste a buscar para comer pizza. Descubrí ahí mismo que te quería más que esa vez que servimos comida y subíamos y bajábamos a buscar más jugos y más platos. Descubrí que ahora te quería de una manera más pura que cuando estábamos tomando helado escondidos de la multitud. Descubrí que lo que sentía por ti no se compara con el sentimiento tan sincero que ahora encontré dentro de mí por ti, uno que sería de capaz de esperarte por el resto de la existencia si fuera necesario, uno que podría viajar millones de kilómetros tan sólo para verte.
Me atacan los recuerdos porque huele a tu perfume, huele a todas esas veces que llegamos a mi casa y no quería bajarme, pero tenía que hacerlo. Me atacan los recuerdos de esas veces que iba ella en ese asiento delantero que me pertenecía a mí por antigüedad, cuando ella no sabía que realmente estaba ahí por un breve momento. Me atacan los recuerdos de maneras que ni yo entiendo, porque eso mismo que renegué tantas veces, hoy lo escribo, y que el mundo se entere, y que saque sus conclusiones, porque la verdad, ya no interesa. Me atacan por la espalda de cuando dijiste que no, y terminaste haciéndolo igual, un febrero helado, y no por el clima. Me ataca la indiferencia de mis labios cuando podrían haberse mezclado en el hechizo de otoño, esa vez envueltos en bachata.
Quiero seguirme subiendo al auto, porque cada vez que estoy ahí, es como estar nuevamente ahí contigo, como si nunca se nos hubiera ido la oportunidad de estar ahí.
Y descubrí ahí que te quería más que antes, con un cariño diferente al de esa vez que me fuiste a buscar para comer pizza. Descubrí ahí mismo que te quería más que esa vez que servimos comida y subíamos y bajábamos a buscar más jugos y más platos. Descubrí que ahora te quería de una manera más pura que cuando estábamos tomando helado escondidos de la multitud. Descubrí que lo que sentía por ti no se compara con el sentimiento tan sincero que ahora encontré dentro de mí por ti, uno que sería de capaz de esperarte por el resto de la existencia si fuera necesario, uno que podría viajar millones de kilómetros tan sólo para verte.
Me atacan los recuerdos porque huele a tu perfume, huele a todas esas veces que llegamos a mi casa y no quería bajarme, pero tenía que hacerlo. Me atacan los recuerdos de esas veces que iba ella en ese asiento delantero que me pertenecía a mí por antigüedad, cuando ella no sabía que realmente estaba ahí por un breve momento. Me atacan los recuerdos de maneras que ni yo entiendo, porque eso mismo que renegué tantas veces, hoy lo escribo, y que el mundo se entere, y que saque sus conclusiones, porque la verdad, ya no interesa. Me atacan por la espalda de cuando dijiste que no, y terminaste haciéndolo igual, un febrero helado, y no por el clima. Me ataca la indiferencia de mis labios cuando podrían haberse mezclado en el hechizo de otoño, esa vez envueltos en bachata.
Quiero seguirme subiendo al auto, porque cada vez que estoy ahí, es como estar nuevamente ahí contigo, como si nunca se nos hubiera ido la oportunidad de estar ahí.
lunes, 20 de noviembre de 2017
Hoy me siento linda
Hoy me siento más linda que otros días, más atractiva y un poco más agraciada. Pero no hay nada diferente, salvo mis chasquillas. Para quién no lo sabía, desde siempre he querido tener flecos o chasquillas, pero siempre la negativa del resto me ha detenido, porque "con pelo crespo no se pueden tener chasquillas, o vivirás amarrada a la plancha". Y les creí a todos por mucho tiempo, hasta que decidí intentarlo; y sinceramente, lo peor que podría pasar era que me quedara mal, pero siempre habría una manera de ocultarlo.
Me sentí libre, libre de los prejuicios y de la vergüenza del pelo crespo con chasquillas, me sentí completamente diferente, y hoy específicamente me sentí más linda.
Pero no se basa solo en un corte de pelo nuevo, porque hoy me pillé vistiéndome con los colores que te gustan, con las sombras que te cautivan y con el perfume que te atrapa, pero no llegaste nunca, y eso lo hace aún más especial, porque después de todo hoy me arreglé, me vestí y me peiné para mi, tan solo para mi. Me pinté los labios porque me gusta el morado mezclado con el rosa al centro, me encrespé las pestañas porque me encanta cómo se ven con la nueva máscara 2 en 1 que me regalaron para mi cumpleaños. Me hice trenzas a los lados para controlar el frizz, y me las amarré con elásticos que combinaban, solo por el placer de saber que todo era del mismo tono hoy.
Fue una jornada maratónica, en donde inclusive me combinaba la botella de agua. Estuve todo el día haciendo cosas, incluso fui a votar... y ningún despeine, ninguna mancha en el vestido y ningún error de maquillaje... y ahí lo noté, después de todo el día, la única que había estado ahí para presenciarlo todo fui yo misma.
Y descubrí que me vestí para mi, me peiné para mi, me maquillé para mi, me perfumé para mí. Porque para llegarte a amar por completo y confesarte todos mis sentimientos, era necesario que primero me dibujara en el alma un corazón gigante, destinado para mí. Fuera las inseguridades y las torpezas. Porque descubrí que un simple corte de pelo no te hace alguien diferente, pero hace de tu diferencia una ocasión para ser alguien aún más especial. Por eso hoy me siento linda, porque ya no es tan importante el físico, sino que ahora puedo mirar al espejo y no acomplejarme, porque al fin me siento linda para mí.
Me sentí libre, libre de los prejuicios y de la vergüenza del pelo crespo con chasquillas, me sentí completamente diferente, y hoy específicamente me sentí más linda.
Pero no se basa solo en un corte de pelo nuevo, porque hoy me pillé vistiéndome con los colores que te gustan, con las sombras que te cautivan y con el perfume que te atrapa, pero no llegaste nunca, y eso lo hace aún más especial, porque después de todo hoy me arreglé, me vestí y me peiné para mi, tan solo para mi. Me pinté los labios porque me gusta el morado mezclado con el rosa al centro, me encrespé las pestañas porque me encanta cómo se ven con la nueva máscara 2 en 1 que me regalaron para mi cumpleaños. Me hice trenzas a los lados para controlar el frizz, y me las amarré con elásticos que combinaban, solo por el placer de saber que todo era del mismo tono hoy.
Fue una jornada maratónica, en donde inclusive me combinaba la botella de agua. Estuve todo el día haciendo cosas, incluso fui a votar... y ningún despeine, ninguna mancha en el vestido y ningún error de maquillaje... y ahí lo noté, después de todo el día, la única que había estado ahí para presenciarlo todo fui yo misma.
Y descubrí que me vestí para mi, me peiné para mi, me maquillé para mi, me perfumé para mí. Porque para llegarte a amar por completo y confesarte todos mis sentimientos, era necesario que primero me dibujara en el alma un corazón gigante, destinado para mí. Fuera las inseguridades y las torpezas. Porque descubrí que un simple corte de pelo no te hace alguien diferente, pero hace de tu diferencia una ocasión para ser alguien aún más especial. Por eso hoy me siento linda, porque ya no es tan importante el físico, sino que ahora puedo mirar al espejo y no acomplejarme, porque al fin me siento linda para mí.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)