Meses pasaron de desilusiones y llantos, pero nadie sabía de su pena; todo el mundo aún creía en su bella niña que podía con todo. Nunca se dieron cuenta que ella, al igual que las otras bellas niñas, también tenía sentimientos.
Luego de varios meses gritando su angustia en silencio, alguien la escuchó; alguien estaba pendiente de ella un día, vio su rostro y el movimiento nervioso de sus manos, oyó su risa, no era igual que antes, esta sonaba pálida y llena de compromisos. Alguien vio más allá de sus ojos cafés, alguien decidió prestar atención.
Ese fue el momento en que ese alguien se transformó en su rescate. De ese momento en adelante todo se trataba de cosas más simples en comparación. Volver a apreciar el aire y los rayos de sol, volver a amar la primavera y el invierno, hasta que el otoño y el verano sean partes de tu felicidad también.
Hoy por hoy, la niña ya no es una niña, o quizá si, parte de ella aún vive en constante miedo de sucumbir otra vez; la gran diferencia esta vez, es que ahora ella sabe que puede, que nadie tiene el derecho de reclamar tu felicidad y apropiársela. Lo que tanto le costó aprender, amar su vida, su sonrisa y sus ojos.
El siguiente paso será simple, en comparación.
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