Volvimos a vernos y prácticamente corrí a saludarlo. Un abrazo, un beso en la mejilla y unos diálogos gastados que solo hacían que la espera fuera menos agotadora. Sus ojos sonrientes y sus manos moviéndose al hablar mantenían fina mi atención. El color de su camisa le asentaba muy bien, además de su perfume.
"¿Ya te vas?" Le pregunté mientras lo abrazaba. "No", fue su respuesta, sorprendido por la extraña pregunta, "solo era una excusa para abrazarte", respondí ante su mirada confusa.
Mirar y sonreír se da tan fácil a su al rededor, precisamente es lo que me encanta de conversar.
Al final, caminando para partir nuestros destinos una vez más, me recordó mi deuda, deuda que me pone muy nerviosa, pero que en el fondo de mi ser quiero pagar. Sonreí llena de nervios otra vez y sabía lo que se acercaba cuando caminó a abrazarme. Solo espero estar lista para que por fin la tercera sea la vencida.
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