Siempre es fácil escribir de ti, siempre lo ha sido y siempre lo será. Es fácil porque causas algo en mi a cada momento.
A veces solo te limitas a una mirada sencilla del otro lado del salón mientras todos entonan una melodía que ni tu ni yo escuchamos, porque estamos escuchando nuestro propio acorde. Otras veces es diferente, porque eres el único que logra calmarme tras una serie de frustraciones, lo más mágico es que no necesitas hacer nada para calmarme, me irradias tranquilidad y tu calma me relaja.
Hay ocasiones incluso que simplemente basta con que llegues a algún lugar para hacerme feliz, verte entrar por esa puerta ancha logra en mí algo que nadie más produce: satisfacción.
Pero también eres el que más me frustra, porque siempre te va pésimo en las cosas que sabes que te va a ir pésimo, pero tu actitud mega optimista hace que lo intentes, y siempre aprendes y creces y te haces más fuerte, pero siempre te va pésimo tal como ya lo sabías. Me frustras porque siempre logras salir con alguien y tener a alguna chica nueva muriéndose de ganas de estar contigo, alguien que haría de todo por llamar tu atención e impresionarte. Y tu caes en ese juego de conquista terrible, del que, por lo general, sales al corto tiempo. Me frustras porque sabes que seríamos súper mega geniales juntos, y yo también lo sé, pero no queremos intentarlo por no sé qué razón. Pero en el fondo, te entiendo, porque también soy así, muy mensa como para leer las señales y muy asustadiza como para atreverme a arriesgarlo todo y perder. Te entiendo porque a mi también me surgen inseguridades, y me encantas, pero no estoy segura que me encantes de esa manera que todos creen que me encantas.
Siempre será fácil escribir de ti, porque tus recuerdos más tiernos de mi son algunos que yo ya no tengo, pero estoy segura que no recuerdas la camisa azul y pantalones negros que usabas el día que nos sacamos la foto en la actividad del 18 de Septiembre, porque siempre soy yo la que se acuerda de ese tipo de cosas, las cosas que se consideran pequeñas, pero que al final son las grandes.
Un día en el futuro diré que escribí de ti, de tus mañas, de tu música, de tus sonrisas y de tus inseguridades. Un día te contaré que escribí de la manera en que te ríes con los ojos entrecerrados cuando acabas de burlarte de mi en mi cara y estás esperando que entienda el chiste. O te diré de cómo mueves tus manos nerviosas cada vez que te enfrentas a una situación nueva, cómo caminas de un lado a otro cuando necesitas aprenderte algo de tu carrera. Siempre sabré escribir de ti, de tus mil maneras de explicarme lo que ya sabía, de tus modismos para hablar y de cómo inclinas tu cabeza hacia abajo para reírte de alguien que contó un chiste malo que igual te dio risa.
Quizá llegará el día en que puedas decir que leíste lo que escribí de ti, y que te sonrojaste, que te dio nervios y que no supiste cómo reaccionar. Quizá estarás pensando que es muy pronto, o que ya es muy tarde, no hay un intermedio, simplemente porque siempre estamos muy prontos o siempre nos encontramos muy tarde.
Llegará ese día en que me dirás al oído todo lo que siempre he querido oír: o que me dejas ir para siempre o que jamás me dejarás otra vez; pero finalmente sucederá, que mirarás las estrellas y en un segundo de reflexión llegarás a decir en voz alta que un día escribí de ti.
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