Te imagino ahí, muy feliz escuchando mi audio. Te imagino pensando cuáles teclas debías apretar para recuperar esa entrada, fue fácil imaginarte prendiendo el computador, tranquilo de tí mismo porque sabías que lo lograrías. Fue muy fácil imaginarte encontrando el archivo y sonriendo con esa sonrisa que tanto me gusta, relajada y satisfecha. Fue tan fácil imaginarte abriendo el chat y mandándome el archivo que casi hasta puedo visualizarte frente a mi, sonriendo de emoción al verme extasiada. Casi puedo verte, inclusive, riéndote de mi euforia, casi sin poder creer que esto que era tan minúsculo para ti, era el mundo entero para mi.
Y así fue desde el inicio, fue muy fácil verte y reconocer que estabas ahí, frente a mí, listo para ser encontrado. Tan fácil fue para los dos conversar de todo y de nada a la vez, porque únicamente buscábamos excusas para hablarnos, fuere del tema que fuere. Se nos hizo muy fácil coordinar nuestras acciones al ritmo de la música y alinear nuestras pisadas al caminar lado a lado. Siempre fue muy fácil verte sonreir, y siempre fue muy fácil para ti hacerme reir. Toda la magia recae en que era tan fácil, en parte, porque ambos estábamos cansados de trabajar en algo que parecía difícil, y simplemente lo hicimos más fácil para ambos.
Imaginarte es una de las cosas que disfruto de la distancia, porque puedo imaginarte casi a la perfección, recogiendo los libros que se le han caído a alguien, levantando la basura que queda en algún lugar, ayudando a alguien a alcanzar algo que está muy alto, porque puedo imaginarte haciendo todo lo que brilla de tus ojos.
Es que eres así, simple de entender, simple de llevar y fácil de amar.
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