Unos ojos verde oscuros, profundos como un bosque, densos como el pasto crecido de los patios descuidados; ojos receptivos, dispuestos a ver y observar todo cuanto se presentara. Eso fue lo primero que encontré aquel martes de verano, era él.
Nunca entendí cómo pude encontrar algo interesante en ese tipo de persona, no lo hice, se hizo notar lo interesante, tanto que no pude negarlo, fue algo instantáneo, un poco magnético.
No recuerdo mucho qué pasó primero o qué pasó después, lo que si recuerdo es que todo fue rápido, pero a la vez en cámara lenta. Entramos a las clases y él también entró. Hablamos en Inglés, y él también habló. Cautivó las palabras con su forma de hablar, cautivó los colores con su sonrisa, cautivó cada nota musical con su voz, cautivó mi mente con su conocimiento, mis gustos con sus bromas, y todo el resto de lo que soy, a medida que se daba a conocer.
"Yo también estudio ahí" dijo, y no pude dejar de pensar en lo emocionante del primer día de universidad, ese en que habría un pequeña oportunidad, un minúsculo segundo, una diminuta chance de toparme con él; de nuevamente ver esos ojos. Al menos ya sabe que me gustaron sus ojos desde siempre, no es algo que deba sorprenderle.
Esa primera clase cometí un error, me senté como siempre en la primera fila, "Ahí se escucha mejor" decía mamá. El problema fue que él se sentó en la segunda fila, con su mejor amigo. Durante un poco más de una hora tuve que aguantarme las ganas de voltear, esperando que terminara de hablar el maestro y que escribiera en la pizarra para yo poder "pedirle un lápiz"... pero yo tenía un estuche lleno de lápices.
Cuando al fin terminó la clase, muy buena por lo demás, sentí la necesidad de levantarme y salir de la clase a ver a mi loca que estaba en la otra sala. Aún me pregunto por qué no me quedé un rato a conversar con tal misterioso joven.
Hasta que el amigo se acercó, menos mal había conversado con él antes de las clases! fue realmente buena esa conversación, ver su cara de asombro al saber que ella y yo eramos primas fue una de las mejores cosas de esa noche. Y llegó aquel joven, quien se robó la atención de todo el resto, al menos mi atención. "Me voy, nos vemos otro día!" dijo
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