¿Y cómo no voy a amarla? Si cada vez que me mira, las estrellas parecen repiquetear en sus ojos, cada vez que me sonríe la eternidad me cosquillea la garganta. Cómo no querer tenerla cerca si cada que me mira coqueta su nariz se arruga y deja entrever una sonrisa juguetona. Cómo no voy a querer estar cada minuto de mi vida cerca de ella si cada vez que me toca, mi piel se eriza frenética.
¿Cómo no voy a amarla? Si cada vez que conversamos pareciera que tenemos el mundo a nuestros pies, y podemos hacer y deshacer como queramos. Cada segundo que pasamos juntos, nuestras moléculas combinan y se coordinan para darnos movimientos similares y sincronizados. Cómo me gustaría estar siempre al rededor de esos labios que desdibujan mi mundo implantando nuevas maneras de colorear la vida. Cómo no querer oler siempre el aroma de su convicción y perfume, ese perfume a rosas que penetra hasta la parte trasera de mi mente, donde se guardan los recuerdos y se activan con cada susurro de su llegada.
¿Cómo no me va a enloquecer? Si cada vez que mueve sus manos me imagino esa noche en que las tenía en mi espalda, acariciándome suavemente hasta llegar a mi cuello. Cada día que pasa recuerdo los movimientos suaves que hacía por mi pelo, sus uñas pintadas dejaban el rastro imborrable de su pasada, alocaban mis neuronas y revoloteaban mis hormonas.
¿Cómo no me va a sacudir su presencia? Si cada vez que estamos juntos me tiemblan las rodillas y se me aprieta el estómago. Cuando me mira mis entrañas se contraen y me avisan que ni la comida hace falta cuando la tengo cerca. Cuando me habla, su voz penetra en mi mente con más fuerza que cualquier canción de rock que haya escuchado jamás. Su música conmueve mi centro, cada vez que canta me desorienta y reorienta.
¿Cómo no voy a querer estar con ella? Si cada vez que la miro, las posibilidades son eternas e infinitamente perfectas, aunque venga la mala fortuna, jamás nos irá mal juntos.
¿Y cómo no voy a amarla? Si ella es todo lo que soy.
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