Quién hubiera dicho que esa niña que odiaba la arena de la playa se haya convertido en princesa del más mágico cuento cuando, casi sin previo aviso, las cartas del juego cambiaron y fue ahí mismo, entre arena, que su cuento cambió.
Las estrellas brillaban esa noche, era fácil verlas cuando estás constantemente deseando su compañía, dicen que un deseo lo bastante fuerte puede hacer milagros, pero ¿Qué clase de milagros?
No solo brillaban, a veces hasta se hacía más fuerte su brillo, otras casi desaparecían. Pero ahí estaban todas, danzando a la luz de la luna, alegres a su al rededor. Una de ellas estaba alejada del tumulto, brillaba con timidez, estaba ya cansada de intentar ser como la estrella del medio, a esa que todas las nuevas se le acercaban para probar su calor. Pero esa estrellita era singular, no era un brillo blanco como las otras, ni amarillo como las más antiguas, mucho menos azul como la estrella central. Ella era Roja, viva, llena de energía, pero fría como ninguna. Todo el que se le acercaba comenzaba a dudar si en esa región del cielo había aún algo del calor que emitía la grande Azul. Ella sabía lo diferente que era y ya se había dado por vencida. No había ninguna estrella que quisiera acercarse a ella. Incluso cuando aparecían las nuevas exploradoras que se aventuraban a ir a verla, terminaban rindiéndose al calor incomparable de la Azul. Siempre pasaba, y la pequeña rojita no quería seguir luchando contra la corriente.
Hasta que llegó una estrella diferente, con tonos celestes, obvio se acercó primero a la Azul y probó su calor. Obvio que fue con ella primero, todos lo hacían, nada raro había en eso; pero esa estrella no estaba satisfecha, no sentía que ese era su lugar. Tomó un pequeño paseo por la galaxia buscando, viendo y sintiendo; hasta que la vio, vio su frío y se atrevió a acercarse. La energía que la Roja emitía era más intensa y vibrante que todas las otras a las que se había acercado jamás. Tenía miedo, era algo tan espectacular que no se atrevía a seguir avanzando esta estrella celeste, incluso se preguntó a sí misma si valía la pena arriesgarse, pero lo hizo y algo extraño sucedió. Ambas estrellas comenzaron a cambiar de color, mezclándose, uniendo energías y adquiriendo temperaturas nuevas y extrañas. El movimiento de la Roja hacia el centro logró hacer que su energía se mimetizara con la de la estrella celeste. Estas estrellas no sabían qué sucedía y buscaban explicaciones a lo más mágico que puede haberles pasado. Se complementaban y se reinventaban, pero no pudieron terminar, una gigante Roja lejana estaba a punto de morir, y todos saben que ese proceso ralentiza cualquier fusión que tengan en mente. Todo explota, cambia, se destruye y tiene que siempre empezar otra vez.
¿Qué fue de nuestras estrellas? quizá algún día se sepa, pero para eso, ellas tienen que saberlo primero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario