Estaba seria, inexpresiva. Ninguno de nosotros en su sano
juicio lograba descifrar qué pasaba por su mente; pero así se veía perfecta.
Misteriosa e indescifrable. Vannya tenía los ojos color caramelo, con una
expresión de dolor en cada pestañeo. Se notaba en su semblante cómo el pasado
la había marcado. Era una mujer fuerte y decidida, siempre sabía exactamente
las palabras que decir para romper el hielo. Tenía una personalidad confusa,
como si todo el dolor de una mirada triste se fundiera con el sarcasmo de la
superioridad adquirida, ese tipo de superioridad innata de alguien que hace todo
bien sin siquiera proponérselo. Esa tarde estaba enalienada, pensando en
cualquier otra cosa menos en el tema que estábamos hablando; repetía cada
cierto tiempo alguna pregunta que ya se había hecho anteriormente, ese día
fatídico día en el que había llegado atrasada a su más importante reunión del
trabajo, cuando todos sabíamos que ella no solía hacer eso. Su trastorno
obsesivo compulsivo no le permitía salir de la estructura de la
responsabilidad. Era irritablemente organizada, "cuadrada" diría mi
madre, que nunca estuvo muy de acuerdo en que yo saliera con ella. "Algo
tiene en sus ojos, como si en cualquier momento fuera a engañarte" decía
ella. Quizá tenía razón, quizá no, pero yo estaba loco por ella. Por su manera
de mover los labios al hablar, por su forma tan expresiva de agitar las manos
en el aire cuando quería dar a entender su punto de vista. Ella era tan
enredada, tan difícil de comprender, quizá su manera de ver la vida no
concordaba con la vida misma.
Tuvieron que pasar 3 meses para darme cuenta de todo lo que
podía hacerle a mi corazón. Me volví como un niño, en el peor sentido de la
palabra: confiable, ciego y dependiente. Ella logró dominar cada parte de mi
mente, cada rincón estaba engatusado por su misteriosa manera hablar. Quería emborracharme
de ella y volverme sobrio de su ser. Quería empaparme de su aroma y gastar todo
lo que tenía por complacerla. Estaba obsesionado con ella, y eso me terminó
jugando en contra cuando Jessica apareció en mi vida.
Vannya sabía exactamente qué decirme para desconfigurarme y
volverme loco de remate, y no necesariamente de amor.
No hay comentarios:
Publicar un comentario