Ella sabía lo que le esperaba, se dejó matar. Ella nunca
ha sido de las que se rinden fácilmente, siempre ha podido defender lo que es
propio, ha sabido con firmeza recuperar lo que le pertenece. Menos ahora… ¿se
dejó matar realmente? ¿Y por qué dice ‘ahora más que nunca’? ¿Ahora que está
muriendo? Algo no cuadra. Si sabía lo que venía y tuvo tiempo de escribirme una
nota y dejarla en un lugar que sabía que yo la encontraría, ¿por qué no escapó?
Escuché sus últimos gemidos de dolor pero no me aseguran que hayan sido SUS
gemidos de dolor, aunque su voz era inconfundible. A no ser que se esté
ocultando de alguien, quien quería matarla seguramente pensó que lo logró,
hasta yo pienso lo mismo, o eso creo.
-George, no me siento segura en este lugar, no
tengo dónde ir ni donde pasar la noche- Es lo primero que pasa por mi mente en
este momento, una ventisca se avecina y no quiero estar para presenciarla.
-Hola hija mía, despierta, ya estoy aquí
-¿Mamá?
-Te demoraste un poco en llegar
-pero, el incendio, George…
-¿George? ¿Quién es George?
-¡Mi prometido mamá! ¡Lo adoras!
-Prome… ¿qué?
-¿Qué le pasa a tu cara? Te estás…. ¿Derritiendo?
-Alice, búscame, no estoy lejos.
Y de golpe despierto. No era más que un sueño. Sin embargo,
tras todo lo ocurrido ya no puedo dormir, apenas había comenzado y por
culpa de las pesadillas ya no logro hacerlo bien. Llevo tres días intentando
dormir normalmente y aún no puedo lograr no soñar lo mismo cada vez que cierro
los ojos. Ya no aguanto más, necesito refrescar mi mente.
Agarro la chaqueta de George, casi todo lo que
traigo puesto es de él, mi ropa quedó hecha cenizas tras el incendio de unos
días. Al levantar las botas del suelo para ajustarme bien los cordones veo un
papel que no había visto en mi vida. Algo como un telegrama. <La misión ya
está completada. Puedes terminar con ella.>

No hay comentarios:
Publicar un comentario