domingo, 13 de diciembre de 2015

25 y un milagro - 3

Mi cabeza daba vueltas luego de todo lo que había pasado. Con Bianca asistimos a la boda de Carol con Lucas y todo salió muy hermoso. Bianca estuvo delicada un par de semanas y le costó recordar algunas cosas al principio; olvidamos el tema de Raúl Vs. Miguel, aunque solo yo tenía un contador mental -en el que tenía más puntos a favor si de algo importa- y nos concentramos en ayudar a nuestra amiga a mejorarse. Carol estuvo muy presente ayudando a Bianca y por ello salimos a tomar un café un par de veces. Lucas sabía de todo el asunto y no pude evitar recordar cada vez por qué estuve enamorado de ella en la preparatoria, su risa tan tierna y su personalidad tan suave la hacían perfecta. Uno de los días me quedé conversando con Lucas en la terraza de su nueva casa y llegamos a la conclusión que nunca vamos a lograr sobreponernos a lo que pasó y lo suertudos que fuimos al zafarnos de lo que nos salvamos. Me miró directo a los ojos y me dijo "Miguel, ordena tu vida y haz las cosas bien desde ahora". Esa fue casi una sentencia, pero caló profundo.
Bianca me sonrió durante la ceremonia, estaba sentada en la segunda fila, en el asiento del centro, se veía espectacular con su vestido amarillo y su cabello rizado, el color de su sombra de ojos combinaba casi a la perfección con la corbata de Raúl, se veían bien juntos, pero los tres sabíamos que había algo extraño allí. Bianca tenía un broche naranja que acomodaba cada vez que volteaba a verme en la quinta fila. Sabía que iba a mirarme cuando su mano se acercaba al broche de su peinado, me preparaba y me dejaba ver fresco y radiante para conseguir su atención. Después de la ceremonia que definía la vida de la bella Carol, nos hablamos por un buen rato en el bar; de costumbre ella pidió su jugo de Mango y yo pedí un whisky con hielo. Nos miramos, conversamos y llegó Raul cuando empezaba la música, la sacó a bailar. Los vi moviéndose al son de la balada mientras sentía mi cara llenarse de celos y mi cuerpo se aventuraba con la adrenalina que comenzaba a llenar mis venas. Nunca estuve tan agradecido de la profesión de Raúl como en ese momento en el que, tras una llamada, Bianca volvía a quedar disponible. La tomé de la mano y la llevé a la pista de baile; rogué por la canción perfecta y no fue en vano. Fue una noche increíble en la que bailamos y nos reímos como antes. Me volvía loco saber que salía en citas con él, pero me agradaba que siempre tenía tiempo para mí. Su inteligencia me impacta y aún me sorprende lo asombrosa que es. Siento que si sigo así terminaré teniendo el privilegio de enamorarme de ella, pero no sé si ella tendrá la desdicha de sentir lo mismo por mí. Bailamos y le acaricié la mejilla, la miré directamente a los ojos y no pude más que soltar las primeras palabras que vinieron a mi boca: "Te ves maravillosa, como siempre, y aún quiero ser parte de tu vida por siempre". Ella se sorprendió un poco pero no se molestó, buena señal, ¿verdad?

"Ordena tu vida y haz las cosas bien desde ahora" sonaba en mi cabeza constantemente durante la boda; cuando salimos a la terraza del recinto ella se acercó a mí, tomo mi mano y dijo con una voz casi imperceptible: "¿Cómo lo haces para conquistar mi mente de esa manera?". Sonreí con un sentimiento de victoria y me acerqué a ella, "Es fácil cuando estás frente a alguien como tú" respondí con ternura. Jugueteamos con nuestros dedos hasta que no logramos contener nuestros deseos. Ella se me acercó y me besó como aquella primera vez en mi casa, hace ya varios meses atrás. Todo era perfecto... Hasta que en la puerta apareció Raúl, con una propuesta para Bianca; una propuesta que daría vuelta nuestro pequeño universo.

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