Esa misma noche llamé a Carol para pedirle ayuda y consejos,
se burló un poco de mí, pero accedió a juntarse conmigo al día siguiente.
Charlamos alegremente por un par de horas, el helado se hizo muy poco y el café
se enfriaba esperando que nos lo termináramos. Recordamos memorables tardes
juntos en la plaza y lo bien que la pasábamos. Carol seguía radiante, con su
nuevo bebé en camino su rostro irradiaba felicidad. Lucas había comprado una
casa cerca de la playa y estaban decorando la habitación del pequeño Antonio
que ya casi llegaba, la idea de una familia era tan agradable, solo quisiera
que Bianca también quisiera una familia conmigo. “Nicol me habló de Raúl un par
de veces pero lo pintó diferente a cómo es ahora” Carol interrumpió mis
pensamientos, “¿Diferente? ¿En qué sentido?” Incurrí sin la amabilidad que
había sostenido toda la tarde. “Diferente, más mujeriego y engreído, menos
trabajólico y sin ganas de formar una familia, especialmente por eso Nicol lo
dejó, él luego dejó de sociabilizar por un largo tiempo, compró su casa en la
villa en que vive ahora y no se dejó ver hasta hace casi un año, cuando empezó
a salir con Bianca” dijo Carol con tono desinteresado, a ella no le agradaba
Raúl y se le notaba en la mirada y cómo se refería a él. ¿Por qué con Bianca?
¿Qué quería lograr? Pasados unos minutos me despedí de Carol cuando Lucas llegó
a buscarla, fue un agrado verla y olvidar por unas horas la realidad. Lucas aun
me miraba detenidamente con recelo, como si fuera a arrebatarle su pequeño. Lo
felicité por su bebé y caminé hasta mi moto, bajo el casco había un papel con
número de teléfono y un corto mensaje: “Hay algo que debes saber de Raúl,
llámame”. Casi al instante tomé mi teléfono y guardé el número por si perdía el
papel.
La curiosidad me aniquilaba, por mucho que habían pasado
tres días desde que hablé con Carol, no podía sacarme de la cabeza lo que ella
había dicho: “No se dejó ver hasta cuando empezó a salir con Bianca”. Retumbaba
en mi cabeza el mensaje en la moto y mi cabeza no hacía más que repasar las
pocas conversaciones que alguna vez había sostenido con Raúl: sus movimientos,
su necesidad de no dejarse llevar por los demás y su constante alejamiento para
hablar por celular: era doctor, tenía muchas llamadas de seguro, pero ningún
doctor que conociera habría mirado con expresiones tan extrañas como él lo
hacía con Bianca y Carol. El tipo parecía muy extraño para mí desde el
principio, pero siempre me convencía que eran mis celos nublándome la vista,
después de todo, Raúl era un tipo tímido y de pocas palabras. Sin aguantarlo
más llamé al número que previamente había guardado en mi celular y esperé,
esperé y esperé. Casi termino la llamada cuando una voz contestó, su voz, más
familiar que de costumbre, respondió: “Pensé que no llamarías Miguel, había
estado esperando”.
Nos pusimos de acuerdo y nos encontramos con Nicol en el
café cerca de mi casa, poco habíamos hablado cuando me dijo inesperadamente:
“Sé que amas a Bianca y que ella se va a casar con Raúl, pero hay algo que
debemos evitar”, aguardó mi respuesta, pero mi sorpresa no me permitió hablar.
“¿Qué sabes del hijo que tuvo hace poco?” me preguntó ella intentando en vano
disolver mi sorpresa. “¿Un hijo?” fue todo lo que pude decir, “No sabía que
Raúl tuviese un hijo” resoplé con tono exigente, “cuéntame”. Nicol bajó su
mirada y con tono endeble soltó unas palabras: “Hace varios meses ya volvió a
salir conmigo, hablamos y Raúl quería intentarlo otra vez conmigo, pensé que
seguía igual de engreído y le dije que no, aunque no me esperaba lo que me
sucedió después”. Casi adivinando lo que seguía le pregunté si el bebé estaba
bien. “Por supuesto” me dijo, “Un padre con mucho dinero puede hacer que
cualquier madre no revele nada” fue su explicación. Hablamos en cuanto al
pequeño y cómo había sido su recuperación post parto. Su rostro decaído
evidenciaba las noches en vela que había tenido que pasar y la tortura que
significaba no decirle nada a nadie, ni a sus propios padres. “Es casi un
alivio Miguel, no sabes lo difícil que ha sido para mí” dijo finalmente con un
esbozo de sonrisa; “gracias por confiar en mi” respondí, no estaba seguro si la
nueva información era buena o mala para mí, pero de seguro Bianca debía
saberlo.
Marqué su número y ella respondió
casi al instante. “Debemos hablar algo muy importante” dejé salir sin cuidado,
ella preocupada quiso aplazar nuestro encuentro “Hoy es una noche especial para
Raúl y vamos a una cena del hospital, ¿No puedes esperar a mañana?” inquirió.
“Mañana puede ser un poco tarde” y colgué mientras me subía a la moto,
determinado conduje hacia la Villa de los ricachones y en el camino me topé con
la Limusina del Doctor engaños. Mi enojo se dejaba ver a través del casco y
salió casi por arte de magia del carro. Me gritó unas cuantas cosas para
alejarme pero decidido le respondí “Bianca necesita saber de tu hijo”, me puse
el casco y continué en dirección a su casa, a la rapidez que iba, de seguro
llegaba antes a ella que el pelmazo ese.
Siguiente Capítulo: 25 y un milagro - 7