domingo, 20 de diciembre de 2015

25 y un milagro - 6

Esa misma noche llamé a Carol para pedirle ayuda y consejos, se burló un poco de mí, pero accedió a juntarse conmigo al día siguiente. Charlamos alegremente por un par de horas, el helado se hizo muy poco y el café se enfriaba esperando que nos lo termináramos. Recordamos memorables tardes juntos en la plaza y lo bien que la pasábamos. Carol seguía radiante, con su nuevo bebé en camino su rostro irradiaba felicidad. Lucas había comprado una casa cerca de la playa y estaban decorando la habitación del pequeño Antonio que ya casi llegaba, la idea de una familia era tan agradable, solo quisiera que Bianca también quisiera una familia conmigo. “Nicol me habló de Raúl un par de veces pero lo pintó diferente a cómo es ahora” Carol interrumpió mis pensamientos, “¿Diferente? ¿En qué sentido?” Incurrí sin la amabilidad que había sostenido toda la tarde. “Diferente, más mujeriego y engreído, menos trabajólico y sin ganas de formar una familia, especialmente por eso Nicol lo dejó, él luego dejó de sociabilizar por un largo tiempo, compró su casa en la villa en que vive ahora y no se dejó ver hasta hace casi un año, cuando empezó a salir con Bianca” dijo Carol con tono desinteresado, a ella no le agradaba Raúl y se le notaba en la mirada y cómo se refería a él. ¿Por qué con Bianca? ¿Qué quería lograr? Pasados unos minutos me despedí de Carol cuando Lucas llegó a buscarla, fue un agrado verla y olvidar por unas horas la realidad. Lucas aun me miraba detenidamente con recelo, como si fuera a arrebatarle su pequeño. Lo felicité por su bebé y caminé hasta mi moto, bajo el casco había un papel con número de teléfono y un corto mensaje: “Hay algo que debes saber de Raúl, llámame”. Casi al instante tomé mi teléfono y guardé el número por si perdía el papel.
La curiosidad me aniquilaba, por mucho que habían pasado tres días desde que hablé con Carol, no podía sacarme de la cabeza lo que ella había dicho: “No se dejó ver hasta cuando empezó a salir con Bianca”. Retumbaba en mi cabeza el mensaje en la moto y mi cabeza no hacía más que repasar las pocas conversaciones que alguna vez había sostenido con Raúl: sus movimientos, su necesidad de no dejarse llevar por los demás y su constante alejamiento para hablar por celular: era doctor, tenía muchas llamadas de seguro, pero ningún doctor que conociera habría mirado con expresiones tan extrañas como él lo hacía con Bianca y Carol. El tipo parecía muy extraño para mí desde el principio, pero siempre me convencía que eran mis celos nublándome la vista, después de todo, Raúl era un tipo tímido y de pocas palabras. Sin aguantarlo más llamé al número que previamente había guardado en mi celular y esperé, esperé y esperé. Casi termino la llamada cuando una voz contestó, su voz, más familiar que de costumbre, respondió: “Pensé que no llamarías Miguel, había estado esperando”.
Nos pusimos de acuerdo y nos encontramos con Nicol en el café cerca de mi casa, poco habíamos hablado cuando me dijo inesperadamente: “Sé que amas a Bianca y que ella se va a casar con Raúl, pero hay algo que debemos evitar”, aguardó mi respuesta, pero mi sorpresa no me permitió hablar. “¿Qué sabes del hijo que tuvo hace poco?” me preguntó ella intentando en vano disolver mi sorpresa. “¿Un hijo?” fue todo lo que pude decir, “No sabía que Raúl tuviese un hijo” resoplé con tono exigente, “cuéntame”. Nicol bajó su mirada y con tono endeble soltó unas palabras: “Hace varios meses ya volvió a salir conmigo, hablamos y Raúl quería intentarlo otra vez conmigo, pensé que seguía igual de engreído y le dije que no, aunque no me esperaba lo que me sucedió después”. Casi adivinando lo que seguía le pregunté si el bebé estaba bien. “Por supuesto” me dijo, “Un padre con mucho dinero puede hacer que cualquier madre no revele nada” fue su explicación. Hablamos en cuanto al pequeño y cómo había sido su recuperación post parto. Su rostro decaído evidenciaba las noches en vela que había tenido que pasar y la tortura que significaba no decirle nada a nadie, ni a sus propios padres. “Es casi un alivio Miguel, no sabes lo difícil que ha sido para mí” dijo finalmente con un esbozo de sonrisa; “gracias por confiar en mi” respondí, no estaba seguro si la nueva información era buena o mala para mí, pero de seguro Bianca debía saberlo.

Marqué su número y ella respondió casi al instante. “Debemos hablar algo muy importante” dejé salir sin cuidado, ella preocupada quiso aplazar nuestro encuentro “Hoy es una noche especial para Raúl y vamos a una cena del hospital, ¿No puedes esperar a mañana?” inquirió. “Mañana puede ser un poco tarde” y colgué mientras me subía a la moto, determinado conduje hacia la Villa de los ricachones y en el camino me topé con la Limusina del Doctor engaños. Mi enojo se dejaba ver a través del casco y salió casi por arte de magia del carro. Me gritó unas cuantas cosas para alejarme pero decidido le respondí “Bianca necesita saber de tu hijo”, me puse el casco y continué en dirección a su casa, a la rapidez que iba, de seguro llegaba antes a ella que el pelmazo ese.  

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