¿Una daga? No, fue como una espada de doble filo pero de
esas que no duelen, de esas que se parecen a las jeringas: sabes que está
entrando, sabes que te va a doler en cierto grado, sabes que va a salir, sabes
que lo vas a recordar por un par de horas, pero también sabes que después de
ese día no vas a recordar dónde fue el pinchazo si quiera.
Algunas situaciones, por más que lo intentes, van a doler,
van a causar un revuelo en tus gallinas de corral y van a obligarte a aprender
cosas nuevas de ti. Apreciar esos momentos hará que sepas qué tan fuerte eres,
y la calidad de momentos que puedes vivir en el futuro. Supongo que a eso
apunta cada aspecto del dolor, hacerte notar qué tan débil eres, pero qué tan
fuerte puedes llegar a ser. ¿No es eso crecer? ¿No es eso pasar de un estado a
otro? ¡Ni que fuéramos sólidos a gaseosos! Recórcholis, ¿Alguien comprenderá a
lo que apunta este registro? Señores, no nos desesperemos, las piezas del
puzzle están sobre la mesa y de tanto intentar armarlo se doblan las orillitas,
pero la imagen sigue ahí, no se preocupen. De verdad que no quiero que sientan pena
o lástima. ¡Diache que tengo ánimo! Ya te dejé libre para vivir, ¿Recuerdas
palomita? Ya podías aventurarte a las solitarias montañas de Alaska, esas frías
cumbres donde, ambos sabemos, te combina mejor el viento en la cara. ¿No has
llegado aún? Las historias jamás se repiten de la misma manera, por muy
parecidas que sean las ramas del árbol. He estado soñando en el día de la niña
en la mesita, y te digo que no se parece a nada que haya vivido antes. ¿Habrá
algún lugar que solo nosotros conozcamos? En las que por fin las fronteras sean
solo palabras buenas para adornar la situación en la que estemos insertos. Hay
algo que ha faltado, algo siempre falta, un detalle.
He gastado noches solitarias mirando frente a la pantalla
tratando de escribir, pero se da tan fácil cuando tienes un sentimiento fuerte,
potente y consistente, casi tangible. Es una sensación magnífica de poder
expresar en palabras las líneas y burbujas de pensamiento, escribir esos
colores fuertes, como estallidos; pero también pintar con letras esas sutiles
flores de un lila pastel, como los que se comen.
¿Conoces la tonada que antes de irte me dejes suavecito en
el suelo? Creo que ya sé a lo que se refiere esa frase, pero no me hace falta
la ropa que tiraban del ventanal. ¿Cómo puedo convencer al cielo de mantenerse
naranjita? Creo que ya perdí la magia dentro de mi sombrero, está llegando el
tiempo de encontrar al conejo, él sabe el tiempo y la hora. Y este no es el
tiempo ni la hora.