jueves, 24 de diciembre de 2015

Ni sutil ni sublime

¿Una daga? No, fue como una espada de doble filo pero de esas que no duelen, de esas que se parecen a las jeringas: sabes que está entrando, sabes que te va a doler en cierto grado, sabes que va a salir, sabes que lo vas a recordar por un par de horas, pero también sabes que después de ese día no vas a recordar dónde fue el pinchazo si quiera.
Algunas situaciones, por más que lo intentes, van a doler, van a causar un revuelo en tus gallinas de corral y van a obligarte a aprender cosas nuevas de ti. Apreciar esos momentos hará que sepas qué tan fuerte eres, y la calidad de momentos que puedes vivir en el futuro. Supongo que a eso apunta cada aspecto del dolor, hacerte notar qué tan débil eres, pero qué tan fuerte puedes llegar a ser. ¿No es eso crecer? ¿No es eso pasar de un estado a otro? ¡Ni que fuéramos sólidos a gaseosos! Recórcholis, ¿Alguien comprenderá a lo que apunta este registro? Señores, no nos desesperemos, las piezas del puzzle están sobre la mesa y de tanto intentar armarlo se doblan las orillitas, pero la imagen sigue ahí, no se preocupen. De verdad que no quiero que sientan pena o lástima. ¡Diache que tengo ánimo! Ya te dejé libre para vivir, ¿Recuerdas palomita? Ya podías aventurarte a las solitarias montañas de Alaska, esas frías cumbres donde, ambos sabemos, te combina mejor el viento en la cara. ¿No has llegado aún? Las historias jamás se repiten de la misma manera, por muy parecidas que sean las ramas del árbol. He estado soñando en el día de la niña en la mesita, y te digo que no se parece a nada que haya vivido antes. ¿Habrá algún lugar que solo nosotros conozcamos? En las que por fin las fronteras sean solo palabras buenas para adornar la situación en la que estemos insertos. Hay algo que ha faltado, algo siempre falta, un detalle.
He gastado noches solitarias mirando frente a la pantalla tratando de escribir, pero se da tan fácil cuando tienes un sentimiento fuerte, potente y consistente, casi tangible. Es una sensación magnífica de poder expresar en palabras las líneas y burbujas de pensamiento, escribir esos colores fuertes, como estallidos; pero también pintar con letras esas sutiles flores de un lila pastel, como los que se comen.

¿Conoces la tonada que antes de irte me dejes suavecito en el suelo? Creo que ya sé a lo que se refiere esa frase, pero no me hace falta la ropa que tiraban del ventanal. ¿Cómo puedo convencer al cielo de mantenerse naranjita? Creo que ya perdí la magia dentro de mi sombrero, está llegando el tiempo de encontrar al conejo, él sabe el tiempo y la hora. Y este no es el tiempo ni la hora.