viernes, 4 de diciembre de 2015

25 y un milagro

No, aún no puedo creer que hoy es mi cumpleaños. 25 años. Ella tiene 24 y ya tiene toda su vida organizada, y yo aquí, esperando un milagro. Toda mi vida pensé que ser un adulto sería sencillo: te independizas, trabajas, terminas la universidad, entre todo te casas y tienes hijos, vives plenamente y envejeces junto a tu mujer. Suena sencillo. Pero nada te prepara para el quiebre que viví.
Estando sentado a punto de apagar las velas de mi vigésima quinta torta cumpleañera recordé las palabras que siempre salían de su boca: "Mi vida es muy feliz". Yo quería sentir eso también, pero las complicaciones de tomar malas decisiones pueden afectar hasta tus más simples planes, llega un punto en el que poco importa cuánto has trabajado por lograr hacer las cosas bien, sientes que todo está hecho un desastre.
Carol era la mujer perfecta. Tenía una hermosa sonrisa y cabello largo, era tranquila y simpática. Tenía una manera muy tierna de ver la vida, no le gustaba cantar mucho, pero disfrutaba bailar de vez en cuando. Mi amiga Bianca era todo lo contrario. Teníamos que pedirle que se callara, que hablara más despacio o que dejara de cantar. Sin embargo era muy simpática, tenía buenos planes y trabajaba duro por hacer de sus sueños una realidad. Siempre nos juntábamos y conversábamos, con ella era fácil.
Cuando descubrí que ser adulto era cosa compleja, decidí pedirle ayuda a Carol. Ella, con su serenidad habitual, podría guiarme a una decisión más cuerda. Nos juntamos a tomar jugo, de ese natural que a ella le encanta. Comíamos unas magdalenas cuando me lanzó la bomba. "Estoy embarazada" dijo con tono sutil, “no quería decírtelo, pero todo fue tan rápido que aún estoy conmocionada. Pero si de algo te sirve, esta puede ser una sorpresa de cumpleaños!”. "¡Aún falta una semana para mi cumpleaños!" Le dije con voz ronca. No me lo podía creer. No podía creerlo. No era posible que en tan solo una noche mi vida haya dado tantos giros incorrectos. Agarré mi vaso y tomé el último sorbo que quedaba. Le pasé el dinero de la cuenta y, con indignación grabada en la frente, me retiré sin decir más.
Llegué a mi casa destrozado, sin saber qué hacer. Llamé inmediatamente a Bianca y le conté lo sucedido; estaba sorprendida, pero con una calma impresionante me dijo "y cuál es tu siguiente paso a la solución?", "me gustaría retroceder el tiempo y hacer muchas cosas de diferente manera" fue mi respuesta. Sabía que no se podía y sabía que había sido mi decisión alejarme por un tiempo de ella, pero mi querida Bianca siempre estuvo ahí. Que tonto fui.
Carol me llamó esa tarde pero no tuve el coraje de contestarle el teléfono. Era una bebé, significaba muchas cosas, para ella y para mí. Significaba dejar de estudiar luego de lo mucho que me había costado retomar; significaba trabajar de sol a sol para juntar el dinero que esa criatura iba a necesitar para tener una vida buena, porque no es su culpa tener padres imperfectos. Significaba que ella tendría que sacrificar su tiempo, sus habilidades y su juventud, porque 22 años la hacen joven y a veces niña ante mis ojos. ¿Por qué lo hice? Carol llamaba otra vez, pero tampoco pude responderle, así con los siguientes 3 días. Bianca y yo nos juntamos a crear un plan que funcionara para mí y mi nueva situación. Ella siempre me recordaba las cosas buenas de la vida. Su risa estruendosa y su energía inagotable. Siempre tenía ideas locas. Pero la vida tenía que continuar, especialmente en este momento, cuando necesitaba el valor de reconocer frente a Carol que yo no podía porque no era suficiente para ella, que merecía algo mejor, pero que le iba a ayudar con todo. Le rogué a Bianca que fuera conmigo a enfrentar la situación, pero me miró con determinación y dijo "no es mi guerra". Me sonrió, arregló mi camisa me dijo: "solo dile la verdad".
Llegué donde habíamos quedado con Carol y con una risita nerviosa le dije que ahora si podía hablar y que me disculpara por estos 5 días sin dar señales de vida. Hablamos por mucho rato y al final de todo me dijo "Miguel, eres el hombre perfecto para alguien más. Solo que decidimos unir nuestras vidas por siempre. Lamento haber sido parte de todo esto, pero mi relación con Lucas debe seguir, él me ama y aceptó lo que sucedió. Me va a apoyar y ayudar. Nos vamos a casar en mayo."
Decoramos toda la casa y los invitados comenzaban a llegar; la primera, como siempre, fue Bianca. Llegaron mis primos y algunos compañeros de la universidad. Llegaron mis colegas y algunos amigos de la familia, pero Carol no llegaba. Cantamos y reímos por mucho rato, al cabo era mi cumpleaños y quería disfrutarlo. Apagué las velas y miré el rostro de los que estaban ahí y cómo Bianca sonreía sin parar. Observé detenidamente y no pude evitar imaginar qué habría sido de mí si hubiera aceptado ir al cine esa noche con ella y no ir al bar con mis compañeros de trabajo donde me encontré a Carol. Luego de unos segundos que parecieron horas, sonó el teléfono y sabía que era para mí, ya toda la tarde me habían llamado para felicitarme y mi hermana estaba aburrida de contestar y gritar "¡Miguel te buscan!"
Me acerqué a la puerta donde estaba colgado el teléfono y saludé normal. Era su voz entrecortada de emoción y me decía "felicidades, te tengo una sorpresa de cumpleaños". "Mientras no me digas que son gemelos, creo que todo bien" y reí con arrepentimiento, ¿Y si son gemelos? Ya la había arruinado otra vez. "El doctor había confundido los exámenes. No estoy embarazada, tu vida puede seguir normal". Al parecer, ese era el milagro que estaba esperando, pero mi vida ya no podía seguir normal. Todo lo que había sufrido, todo lo que había pasado por mi cabeza en esta semana me habían hecho reconocer algunas cosas importantes. Sabía lo que quería hacer. Sabía dónde quería llegar. Sabía con quién quería compartir mi vida y arreglarla, hacer las cosas bien.
Caminé decidido, sonriente, varonil. Ella me vio y notó la extraña emoción que me embargaba, me sonrió como siempre. Llegué a su lado y la abracé, le dije la noticia y me dijo que estaba feliz por mi, continuó hablándome pero no pude escucharle, la adrenalina subía por mi cuerpo. Sabía qué tenía que hacer ahora, esta vez sí sabía. Le dije que se callara y preguntó por qué.

Y la besé. Y todo cobró sentido.

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